—Alguien trata de matarme —explicó el viejo millonario cuando su mujer por fin nos dejó solos—. No sé quién, no sé por qué. Quiero que usted lo descubra. Le pagaré muy bien.
—No hará falta —dije con suficiencia—. El caso ya está cerrado.
Y por último, tras superar peligros innumerables, el héroe llegó al final de su largo viaje. Entró en el castillo sin mirar atrás. Cruzó los salones desiertos. Bajó la honda escalera de piedra. En una cámara secreta se encerró bajo siete llaves y respiró aliviado. La princesa nunca lo encontraría.